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La banda sonora del film consta básicamente de
tres elementos: voz humana, ruidos y música. Estos elementos pueden ser
diegéticos o no diegéticos, si la fuente emisora pertenece o no al contexto
narrativo. Los diegéticos, pueden ser in (en campo) o off
(fuera de campo).
1. El diálogo
Puede cumplir una doble función:
Informativa: como soporte de parte de la información argumental. De
ello surgen debates sobre la conveniencia o inconveniencia del grado de su
utilización, y sobre el peso que tienen en una película la información
verbal y la visual.
Expresiva: los diálogos pueden transmitir las emociones de los
personajes, participando del sentido de la película y creando relaciones
significativas. Algunos recursos comunes son, el plano-contraplano y el
cabalgado de sonido, montando el habla de un personaje sobre la imagen del
que escucha, mostrando la reacción de éste.
2. La música
Otro elemento empleado en casi todas las
películas. Así, hay directores que no son capaces de concebir su obra sin
el acompañamiento musical, en el que ya piensan a la hora de planificar las
imágenes. Una música nos sirve para subrayar emociones, para crear estados
de ánimo, para aglutinar planos dispersos entre sí, para envolver unas
secuencia de montaje, para suavizar cambios de planos que resultan
bruscos... Pero también y con bastante frecuencia se utiliza para dar el
pego con unas imágenes visuales que solas valen poco o nada. Un ejercicio
curioso consiste en bajar el volúmen para valorar lo auténticamente visual.
Algunas películas, como las de Buñuel, no tienen
música. En otras, la banda musical crea, desarrolla y asocia motivos que
forman parte del sentido global de la película.
3. Los efectos
de sonido
La seleción del sonido condiciona la percepción, y
los efectos sonoros utilizados en paralelo a las imágenes o como
contrapunto se convierten en elementos de importancia expresiva, creando
ambientes y emociones, y dando fluidez a la narración.
4.- El silencio
El silencio en una banda sonora, puede ser un
elemento inquietante o anticipador de algo que va a ocurrir. Sirve también
para crear contrastes rítmicos o estados de ánimo. En algunas obras es un
elemento dominante, utilizado con plena intención expresiva.
Karel Reisz aporta una comparación sobre
el tratamiento de imagen y sonido en el lenguaje fílmico en correspondencia
con nuestra forma natural de percibir la realidad. Así como se justifica el
cambio de plano de imagen por corte brusco, tal corte radical no sería justificable
en la banda sonora.
Para que el sonido constituya un acompañamiento
realista de la imagen hay que reproducir en la banda sonora el proceso
mecánico de nuestra audición. No es preciso registrar de un modo objetivo
todos los sonidos que acompañan los distintos aspectos visuales de la vida
real. Así como no acuso el tic-tac del despertador mientras estoy pensando
en otra cosa, el espectador no exige (ni tan siquiera advierte) el sonido
del despertador en la pantalla, siempre que no constituya un centro de
atención. En otras palabras, sólo hay que incorporar a la banda sonora
sonidos con un significado concreto.
Para la aplicación de este principio hay, sin
embargo límites naturales. Cuando dos personajes hablan en el interior de
un coche en movimiento, es conveniente oír el zumbido del motor para
mantener la sensación de que estamos verdaderamente en el interior de un
coche. Si ese sonido falta al empezar la escena, el espectador notará algo
anormal. A partir del momento en que los personajes empiezan a dialogar, el
ruido del motor ya no es preciso, porque se polariza el interés en el
diálogo; en consecuencia, hay un fundido sonoro. Esto no supone tomarse
libertades con respecto a la presentación natural de los hechos; en la vida
real, en una situación parecida, el ruido del motor pierde importancia y
dejamos de percibirlo. Sin embargo, no se puede cortar repentinamente la
banda de ruidos y pasar a la banda de diálogos; nuestra mente es muy
sensible a los cambios repentinos de sonido; el corte llamaría la atención,
haciéndose notar y perdiéndose toda posible naturalidad. Lo que se hace en
lugar de esto es bajar gradualmente el volumen de sonido, hasta dejarlo en
un punto mínimo.
El ritmo implica una serie de compases más fuertes
y más débiles y un tempo.
Organizando los elementos sonoros, junto con otros elementos cinemáticos,
se conformar el ritmo global de una película.
Usos expresivos del sonido:
Paralelismo sonoro, si el sonido se corresponde en sentido
realista con el contenido de las imágenes.
Contrapunto sonoro, si el sonido entra en conflicto con la imagen
buscando nuevos significados.
En general, al ver una película, podemos
concentrarnos en los elementos de sonido y cuestionar qué se pretende y qué
se consigue con ellos. Se puede valorar qué es lo que aportan y lo que
expresan. En el mejor de los casos descubriremos que la banda sonora cobra
relevancia junto a las imágenes visuales y que condiciona nuestra
percepción de la narración con nuevos significados.
En el minuto 38 del capítulo 7 de la serie Amar el
Cine, en la secuencia de la ducha de Psicosis, se puede observar como la
banda sonora refuerza el sentido expresivo de la narración.
La música (no diegética) inquietante de Bernard
Herrmann subraya el momento en que Norman Bates (Anthony Perkins)
vigila tras la pared a Marion (Janet Leigh), con una incidencia especial de
violines cuando aparecen los planos de ella. Luego, poco a poco, la música
da paso a un silencio anticipador tan solo roto por exagerados sonidos
diegéticos de papeles rotos, de la cisterna, del envoltorio del jabón y del
agua de la ducha. Este silencio está preparando el climax de la secuencia,
el crimen, que se acompaña con música estridente, gritos y sonido de
cuchilladas ( que hacen innecesario mostrarlas visualmente). Para terminar,
tras la música final, que acompaña como un requien el último aliento de
Marion, otro sugerente silencio cierra la secuencia, de modo que el
espectador pueda asimilar en calma lo que acaba de ver.
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